El mensajero alado. Música astral, aves y mandalas

El mensajero alado.  Música astral para conectar con tu ser inspirada en avesmandalas. Hoy os queremos regalar este vídeo de música astral acompañado por imágenes de un proyecto de la tejedora Connie Gallo sobre aves y mandalas. De esta manera, queremos juntar esfuerzos para transmitir toda la energía sanadora que hemos recibido de la música, la naturaleza y el arte de tejer mandalas. El vídeo viene acompañado con un relato. La historia de Blau, el pajarito que inspiró este proyecto y que nos trajo un mensaje encriptado. ¡Esperamos que os inspire tanto como a nosotros!

Blau apareció en nuestras vidas una mañana soleada de finales de octubre. Y desapareció unas horas después. Marchó como había llegado. Batiendo sus alas; haciendo gala de su libertad. Pero no se fue sin más. En esos preciosos minutos, nos dejó un mensaje encriptado. Un mensaje que todavía estoy terminando de descifrar.

Cual mensajero que llega desde el cielo con un telegrama encriptado, ese pajarillo de tonos azulados y plumas alborotadas bajó del árbol y empezó a picotear un mango que se había espachurrado en el suelo de la bella Finca Guadalajara. Marta se acercó a verlo junto a Sol, la hija pequeña de nuestros anfitriones colombianos, que se abalanzó sobre el animalito. Impasible, el frágil azulejo siguió picoteando y picoteando su suculenta fruta.

Blau, el mensajero alado

Cuando llegué ambas estaban sentadas a pocos centímetros de distancia del pájaro. Marta lo admiraba con una mezcla de satisfacción y sorpresa, como una niña que sigue con ojos de lechuza el show de un circo ambulante llegado desde una tierra lejana. Con esa satisfacción que provoca ver la naturaleza en su estado puro, sin filtros ni rejas de por medio. Y la sorpresa de encontrarte con una situación inédita, completamente inesperada.

La sorpresa se empezó a convertir en magia cuando esa pequeña y grácil criatura alada alzó su vuelo para colocarse sobre el hombro de Marta, que en agradecimiento le regaló su mejor sonrisa y le ofreció un trozo de fibroso y maduro mango. Sol marchó al colegio con sus papás y sus compañeros en un viejo y robusto campero, ya que desde el día anterior habían anunciado un paro de campesinos y las vías principales se encontraban bloqueadas en la vía que va de Potrerito a Jamundí. Así que nos quedamos solos con nuestro nuevo amigo, a quien decidimos llamar Blau -azul en catalán- en homenaje a la tórtola que cada día va a visitar a nuestra amiga Silvana en la terraza de su apartamento de Pasto, en el sur de Colombia.

Marta con Blau, el mensajero alado

En mi último paso por Pasto aprendí a apreciar mejor la magia que nos brinda la naturaleza y a visualizar con más intensidad las señales que, desde que iniciamos el viaje, se han ido presentando ante nuestros ojos. Así que cuando ese pichuelo de azulejo se subió a mi mano y empezó a trepar hasta el hombro derecho para terminar posándose en lo alto de mi cabeza entendí que un ser mágico había llegado hasta nosotros. Por alguna razón que se me escapaba, el mensajero alado escogió mi coronilla como nido pasajero donde depositar su encriptado mensaje.

Tras disfrutar durante algunos minutos de esa compañía tan especial, decidimos dejar a Blau en un árbol junto a dos trozos de mango estratégicamente colocados entre dos ramas. Inicialmente pensamos que el pichón debió de haber caído del nido. Pero aparentemente podía volar, de manera tal vez  fuera su primer día de independencia, su estreno en las prácticas de vuelo y en el transitar por un mundo a menudo demasiado complejo como para comerse tranquilamente un mango a diez centímetros de dos humanos.

Marià con Blau, el mensajero alado

Y allá estábamos nosotros para recibirlo en el día de su graduación como ser libre. Sentimos que lo mejor que podíamos hacer para respetar su libertad era posarlo en el árbol, dejarle algo de comer y comprobar si contaba con la autonomía para hacer su vida por libre o bien agruparse de nuevo con su familia.

Refugiados en el porche de la casa, situado a veinte metros del árbol, observábamos los movimientos de Blau, que no abandonaba su posición. Y cada cierto tiempo pasábamos a comprobar si estaba en su árbol y a dejarle otro pedazo de mango, un gajo de naranja o un trozo de banana. Hasta que en una de mis idas al fantástico árbol multifrutal, nuestro querido azulejo había desaparecido. Revisé entre las ramas, miré hacia abajo para comprobar si estaba en la falda del árbol y al agacharme vi un pajarito azul debajo de nuestra furgoneta, aparcada a unos pocos metros de distancia.

Al acercarme dos azulejos adultos huyeron volando. Y de repente apareció Blau, que en lugar de irse con sus padres emprendió un vuelo sutil y preciso para posarse de nuevo en mi hombro. Marta, emocionada ante tal escena, se vino corriendo y el pichón saltó hasta su hombro, como si la conociera de toda la vida. En ese momento pensamos en grabar un evento tan especial. Caminé hasta la furgo con Blau encima mío y de repente marchó de nuevo hasta su arbolito.

Marià con Blau, el mensajero alado

«Ha venido a agradecernos», afirma Marta tras comprobar que el animalito vino para dejarnos un mensaje pero sin afán de convertirse en trending topic en YouTube.

Me pregunto qué mensaje habrá venido a traernos este ser mágico de azulado plumaje y vivos ojos negros. Le envío un mensaje más a Silvana, a quien ya le había mandado algunas fotos de Blau y una breve explicación de lo sucedido hasta entonces:

– ¿Nos lo enviaste tú?

– Sí. Es amigo mío- me responde.

– ¿Un amigo de otra dimensión?- le envio, tras escribir esas palabras movido por una curiosa inercia, generada tal vez por mi subconsciente.

– Seguro- replica Silvana dejándome pensativo por momentos.

Me siento frente al árbol intentando descifrar algo que me aporte un poco de luz al asunto. Mientras tanto, los dos azulejos adultos se acercan por las ramas hasta Blau, pero huyen al sentir mi presencia y vuelven a dejarnos a solas a los dos.

Blau, el mensajero alado

Cuando ya estábamos por marcharnos a dar un paseo, cuatro azulejos llegan hasta el fantástico árbol multifrutal y empiezan a cantar todos a la vez, en una algarabía que sólo ellos deben de entender. Uno de ellos sale volando y le pasa a tan solo unos centímetros de la cabeza de Marta. ¿Para saludarla? ¿O para avisarla de que deje tranquilo al pichuelo? Ella interpretó lo primero. Yo me decanté por lo segundo… Sea como sea, a nuestra vuelta Blau ya no estaba en su árbol. Se marchó volando con su familia. Y pienso que, sin duda, será lo mejor que podría haberle pasado. Ya vino a hacer su cometido. Nos alegró el día. Y si tiene que volver, mañana o pasado vendrá a nuestro encuentro. En caso contrario, podrá disfrutar de su libertad.

Me siento a pensar de nuevo en las señales, que sólo yo puedo descifrar. Podría ser una señal de que debemos de quedarnos unos días en la finca hasta que se calmen los ánimos de los manifestantes y cesen los paros en la carretera… No sé si eso tiene mucho sentido. En todo caso lo iremos viendo en los próximos días, según como vayan desarrollándose las cosas. Y si Blau sigue visitándonos.

De repente, se me aparece la imagen de Rebeca, el loro que conocimos la primera vez que pasamos por esta finca. Recuerdo al pobre animal encerrado dentro de su jaula mientras se arrancaba las plumas de forma compulsiva. Retorna a mi pensamiento la mano de Marta abriéndole la puerta de la prisión que ya se había convertido en su casa. Y Rebeca, con la mitad del cuerpo desplumado, retrocediendo y temblando de terror. A nuestro retorno, dos años después, preguntamos por ella. Wilmar y Connie, nuestros anfitriones en finca Guadalajara, nos explicaron que murió como consecuencia de su estrés y de sus propios picotazos. Creía que el suicidio era algo exclusivo de la humanidad… Y bien, pensándolo mejor el fatal final de Rebeca fue causado por el hombre.

Clica aquí para leer el relato de Rebeca: El pájaro enjaulado

«¿Será Blau la reencarnación de Rebeca?», pienso por un momento. Si bien la reencarnación es un concepto que todavía no he incorporado a mi cambiante pensamiento, la conexión entre Blau y Rebeca empieza a crecer con fuerza en mi interior. Un renacimiento más surge ante mis ojos. El miedo se convirtió en amor. El terrorífico temor a salir de la jaula se tornó en un acto irracional de confianza, en una conexión interestelar, una rebelión del alma como paso previo hacia la liberación. Finalmente, Rebeca consiguió su olvidada libertad a través de nuestro mágico mensajero alado. Y yo percibí su sutil mensaje: «Confía para ser libre».

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5 comentarios en “El mensajero alado. Música astral, aves y mandalas”

  1. Hola Maria. Qué bello lo que me explicas. Lo escribí con todo el corazón.

    Un fuerte abrazo!

    Que relato tan bonito, La verdad me ha emocionado un montón y hasta se me ha escapado una lagrimilla

  2. maria perez moya

    Que relato tan bonito, La verdad me ha emocionado un montón y hasta se me ha escapado una lagrimilla

  3. Es un placer poder compartir estos lindos momentos y reflexiones con todo aquel que esté abierto a recibirlos. Un fuerte abrazo!

    Muchas gracias por tan lindo mensaje!! Abrazo gigante, desde Argentina.

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